Después de un largo viaje desde New-Castle y ante la perspectiva de una larga espera de el tren que me llevara de vuelta a casa, mi estado anímico-mental por los suelos y altas dosis de la caraja que me caracteriza, me encontrába haciendo cola para sacar el ticket de metro en la estación de tren del aeropuerto de Málaga, dirección a María Zambrano.
Una vez obtenido el ticket, (no sin dificultades pues mi cualidades estaban francamente disminuidas como he explicado con anterioridad) me dispongo a bajar por las escaleras, sin prestar mucho atención al mundo, sino mas bien, al mismo hecho de andar y saberme poseedor de mucho tiempo por delante para cumplir mi objetivo, veo interrumpido mi escaso hilo mental de ordenes motrices por una gentil voz que requiere mi atención.
Después de permanecer mas tiempo del aconsejable admirando a la responsable de aquella gentil voz y sin atinar a articular un solo pensamiento complejo, ella se adelanta a mi indecisión y pregunta “¿Maria Zambrano?”.
Supongo que si la pregunta hubiera tenido mas de dos palabras la respuesta se habría perdido antes de ser siquiera encontrada y destinada al ostracismo absoluto, y es más, si la respuesta hubiera sido mas compleja que un simple pero decisivo “Si”, me temo se hubiera quedado pendiente para siempre.
No se cuanto tiempo pasó entre su pregunta, mi respuesta y su siguiente contestación, lo que si sé, es que aquella maravillosa desconocida no volvió a articular palabra y simplemente con la gracia de su mano y su dedo extendido señalo en justa dirección opuesta a donde yo sin mucha preocupación me encaminaba, y bien justo es decir, que por alguna extraña conexión fortuita de mi cerebro conseguí girar la cabeza y que mis ojos vieran el letrero, que bien claro indicaba “Maria Zambrano”.
Una rápida conexión de ideas (ausente hasta este momento) me indicó no sin cierta auto crítica, suavizada sin duda por una agradable sonrisa que en este momento se me ofrecía, de que estaba herrando mi camino y me dirigía a la escalera que no era, y que tal acto de bondad y esfuerzo comunicativo por su persona, me estaba salvando sin duda de hacer un poco el ridículo al lado del anden opuesto al deseado.
Quizás fue el esfuerzo mental en tan pobre momento el que causó que tal acto de bondad, se perdiera en mi, al no tener mas respuesta de mi persona, que un intento complejo y por ello perdido de agradecimiento ahogado casi en ese mismo instante por una actitud de resignación ante el error que sin duda estaba a punto de cometer.
Así fue, como una vez advertido de mi error, aquella simpática desconocida siguió su camino mas alegre ahora que cuando partió pues sabía que había ayudado a un desconocido (osea yo) pero sin embargo, con un pequeño regusto amargo de saber que un acto desinteresado, ha quedado sin respuesta siquiera de un muy merecido agradecimiento, siquiera, de palabra o sonrisa.
Y Por ello escribo esto, que si bien no sirve de nada ante aquel suceso, si que sirve para decir, que en realidad, si que se agradecen estos detalles.
Además, bien pensado, aquella simpática desconocida bien podía ser la cantante de Russian Red.